Mujeres desde la Frontera es un proyecto que nace desde la necesidad de crear un territorio propio.
Un espacio de encuentro, de cruce de caminos -citando a Gloria Anzaldúa, inspiración del proyecto- donde lo personal, lo colectivo y lo político conviven y se transforman.
El trabajo consistió en dar forma a ese territorio: hacerlo visible, habitable y coherente con todo lo que sostiene.
La idea de frontera no se entiende como un límite, sino como un lugar fértil. Un espacio en constante construcción donde se cruzan vivencias, saberes y procesos.
El diseño acompaña ese territorio, generando un lenguaje visual que no impone, sino que sostiene y permite habitarlo.
El proceso se construyó desde la escucha y la comprensión profunda del proyecto.
Más que definir una identidad, se trataba de dar forma a un territorio propio desde el que el proyecto pudiera sostenerse y crecer con claridad.

El resultado es un espacio que no solo comunica, sino que se habita.
Un territorio desde el que el proyecto puede seguir creciendo con sentido.